Práctica textil sanjuanina,

profunda raíz mestiza,
rural y campesina

Origen

La evidencia más antigua de textiles en la región de Cuyo es de hace 8500 a 8000 años atrás: se trata de restos de hilos de fibras vegetales, algunos teñidos de color rojo, que pertenecieron a los primeros pobladores, denominados por Mariano Gambier, como Industria Fortuna.

Entre los años 5900 a 220 a.C. se desarrolló la cultura Los Morrillos, también de cazadores recolectores. Entre sus textiles se encuentran hilos muy finos y resistentes de fibra de camélidos, fibra vegetal, pelo humano y nervio. Ocasionalmente, frotando el cuero, teñían de rojo los hilos que se empleaban para confeccionar prendas, redes y cestos.

Posteriormente, la cultura Ansilta que abarcó los años 1760 a. C. hasta el 500 d. C. incorporó una gran novedad a sus hilados, el hilo de “alma diferenciada”: un hilo que tiene en su interior otro del mismo o diferente material, que le proporciona mayor resistencia. En este periodo, aparece el tejido en semitelar, con dos técnicas básicas: el amarrado y el tejido plano. Se confeccionaron telas rectangulares y prendas como polleras. Estas últimas, en uno de sus extremos tenían un “pasa cinto”, es decir, un cordel que se pasaba por ojales. Estos textiles a veces poseían franjas de diversos colores naturales. También confeccionaron una especie de “capa con aumentos”, lograda mediante la inserción de urdimbres suplementarias. Realizaron hilados fantasía como el hilo moliné (cabos de diferente tono), y otros con inserción de motas. Además, crearon redes y cestos decorados con diseños realizados con el mismo material vegetal, teñido en tonos más oscuros.

No se encontraron restos de la cultura Ansilta luego del  año 500 d.C. Sin embargo, algunos de los elementos textiles prevalecen en grupos agropecuarios posteriores, como en la fase cultural Punta del Barro, que va del 50 al 550 d.C. Aparecen en cambio, hilos teñidos en color verde. Paulatinamente, grupos que ingresaron desde el norte introducen nuevas prácticas y costumbres. La influencia Aguada en la textilería va desde el 750 a 1050, incorporando los trenzados planos, de varios elementos, lisos o con decoraciones y algunos con diseños doble faz. Durante este periodo, se siguieron usando los mismos materiales, con la incorporación muy ocasional del algodón, traído del norte.

Más adelante, a partir del año 1100-1200, los grupos del agropecuario tardío, realizaron mantas, camisetas y ponchos en faz de urdimbre. La característica de estos textiles es que se hacían de una sola pieza al telar, con hilos muy finos, con una constante en su grosor, siempre de fibra de camélido. Estos grupos se ubicaron en los Valles de Calingasta, Jáchal e Iglesia. En sendos lugares, se realizaban tejidos similares, destacando los ponchos con refuerzos decorativos en los extremos de las aberturas, siendo las de los grupos de Jáchal y de la cultura Angualasto (del departamento Iglesia) más anchas. Otra técnica de gran excelencia son las prendas confeccionadas con urdimbres discontinuas. La cultura Angualasto poseía la particularidad de repetir sus diseños en textiles, objetos, cerámica, etc., siendo la constante elementos que representan la simplificación de la cresta y el ojo del cóndor. Mantuvieron el uso de colores naturales de lanas de camélidos, tanto silvestres como domésticos, ya que estos grupos habían intensificado la crianza de llamas. También hay prendas teñidas de color rojo, este procedimiento se hacía antes, o luego de ser confeccionada. Realizaron hilos moliné, hilos fantasía con motas, y teñían también con la técnica de “reserva” o nudos, que da el efecto batik. Realizaron cordeles, fajas, trenzados, bolsas y pequeñas prendas para niños.

Durante el periodo Inca, que es muy corto en San Juan, desde 1490 a 1530, se encuentran textiles propios de esta cultura, camisetas incaicas, decoradas a sus lados con motivos geométricos, de cuatro o más colores, tejidas en faz de trama o tapiz. También se hallaron tejidos en faz de urdimbre, tubulares, tejidos en técnica de aguja, de red sin nudo para gorros, cordeles trenzados y bolsas; prendas de pequeño tamaño que acompañan las características ofrendas de altura.

Los integrantes del pueblo Huarpe que habitaron los valles centrales de San Juan y Mendoza entre los años 1530 a 1562, confeccionaban mantas con lana o fibra vegetal, que usaban a veces para cubrir la parte inferior del cuerpo hasta las rodillas, utilizaban fajas de aproximadamente 15 cm de ancho, y sobre los hombros otra manta más pequeña, sujeta por un pincho, que podía ser una espina de cactus,  a la altura del pecho. Poseían calzado de cuero y adornos de plumas. También realizaban camisetas (unku, tela rectangular con abertura para la cabeza, cosida en los costados). Se continuó con el hilado de lana de camélido, y de fibras vegetales. Realizaban cestos de tramas muy densas, y decoración en distintos colores. Confeccionaban esteras que utilizaban para balsas o en la vivienda.

Caracterización

En San Juan, especialmente en la zona rural y en familias de tradición telera, se aprende a tejer a muy temprana edad, como parte del proceso de aprendizaje de la socialización primaria. Es una práctica cotidiana que se realiza todos los días junto a otras tareas campesinas. Es la mujer la que transmite el conocimiento a sus hijas, en algunas ocasiones los hombres intervienen en la construcción de los elementos necesarios para realizar las distintas actividades asociadas al telar. Aprender a tejer en telar implica una serie de pasos previos, de prácticas y de conocimientos. Durante la infancia se comienza con el hilado. Luego se suele practicar con técnicas no tradicionales como el crochet y las dos agujas. Y ya en la adolescencia, se transfieren las técnicas y responsabilidades propias del telar. El tipo de telar que utilizan tiene algunas características específicas que hace que una niña de corta edad no pueda manipularlo: se necesita fuerza y altura para los pedales, el peso de las prendas, el manejo de los lisos y montar la urdimbre. El conocimiento transmitido se basa en la oralidad y en la práctica: un saber que se va vivenciando, mirando y aprehendiendo. Cuando son más grandes y, dadas las dimensiones del telar que se caracteriza por una estructura de gran tamaño firme al suelo, el tejer se transforma en una actividad solitaria.

El telar criollo es una derivación del telar aldeano español que es el que llega por primera vez a América. La característica principal que lo diferencia de los usados por los pueblos originarios es el mecanismo de pedales que permite accionar los lizos con los pies, liberando las manos de la tejedora para pasar y ajustar la trama optimizando de esta manera el tiempo en que se realiza una pieza. La introducción de este instrumento permitió el avance de la producción textil y rápidamente se fusionaron las culturas y se enriquecieron las técnicas. En el caso de la lista atada (amarrado), las culturas locales la realizaban con anterioridad, o la inclusión de nuevos materiales como la lana de oveja, la seda que se sumaron a las fibras de camélidos, las terminaciones en la estructura de los tejidos como los rapacejos o la utilización de bordados como recurso decorativo.

Las teleras plantan el telar directamente en la tierra a la intemperie (de ahí derivan sus denominaciones populares de telar plantado o telar de cuatro vientos), por lo general en el patio principal de la vivienda, a la sombra de un árbol o en la galería de la casa.

El Telar

Consta de una estructura principal formada por cuatro palos verticales llamados horcones que se conectan entre sí en la parte superior a través de largueros y travesaños cuyo objeto es sostener fuertemente dos rollizos, uno en la parte delantera en donde se enrolla el tejido a medida que se avanza en el tramado y otro en la parte trasera que sujeta los hilos de la urdimbre. En el medio de esta especie de caja que conforma la estructura, suspendidos del travesaño por una roldana, se montan los lizos que luego se conectan mediante sogas anudadas a los pedales o pisaderas. Esta estructura genera un sistema que permite que todos los hilos impares de la urdimbre estén unidos a un pedal y los hilos pares a otro. Accionando los pedales se produce un movimiento de sube y baja o cruce y descruce de los lizos que separa instantáneamente los hilos de la urdimbre en dos capas generando una abertura o calada que permite el paso del ovillo con el hilo de la trama. Cada pasada se ajusta con un peine o con golpes de pala si se quiere obtener un tejido más cerrado.

La forma en que se arma el telar, el urdido (procedimiento de ordenar los hilos de la urdimbre en pares e impares), el largo, la cantidad, el grosor y los colores de los hilos, dependerán del tipo y el diseño de la pieza.

Hay una serie de utensilios que son necesarios para tejer: los principales son el compás que es una caña abierta en una punta que se utiliza para realizar el enlizado de manera regular y la pala que es una pieza de madera dura y pesada que sirve para ajustar o cerrar la trama del tejido.

​Técnicas

En telar criollo, se puede realizar un tejido llano, con faz de urdimbre o con faz de trama, donde las tradiciones familiares, y de cada localidad, condicionan las técnicas más utilizadas. En general son:

Faz de urdimbre:

  • Listado (rayas): Se urden varias vueltas de un color según el ancho que quiera dársele a la raya y luego se cambia de color para continuar con la siguiente. Se usan dos o más colores en contraste o en armonía. Se puede tejer todo el ancho de la pieza o formar guardas listadas. Las rayas pueden ser regulares o irregulares. En el caso de los ponchos, el color de los listados caracteriza la región de origen.

  • Zigzag: Se urde una vuelta con un color de hilo y la siguiente con otro en un color contrastante. Se obtienen líneas longitudinales zigzagueantes muy finitas.

  • Peinecillo/a: Se urde media vuelta con un color y media vuelta con otro. Es muy usado por las culturas originarias y criollas. Son finas líneas transversales a la urdimbre del tejido. Se utilizan en los bordes o en alternancia con los listados. Hay variedades de peinecillo/a como el alternado o carancheado.

  • Hilos flotantes de urdimbre: En fajas principalmente, sobre las técnicas de peinecillo/a se dejan hilos que se los flota hacia la faz por medio de  palillos con el objeto de ir conformando rombos, cuadrículas decorativas o guardas pampas.

  • Punteado o granitos: Se urde una vuelta del color base con el que se va a tejer y solo media vuelta de otro color contrastante. El resultado es un tejido con puntitos regulares en contraste con el tejido.

  • Lista atada (Ikat): Se realiza por teñido con reserva. Se preservan grupos de hilos o de zonas de la urdimbre atándolos con hilos de acuerdo a los diseños. Se tiñe y al desatar y tejer se forman los motivos que generalmente son geométricos.

Faz de trama:

  • Pelo Cortado: Son agregados de hilos al tejido por medio de técnicas de nudos. Se pueden realizar a medida que se va tejiendo o una vez terminada la pieza bordándola, luego se recortan dándoles forma obteniéndose una terminación afelpada. El bordado felpa se usa frecuentemente en el decorado de alforjas.

  • Brocado o tramas suplementarias: Se van intercalando hilos más gruesos y de colores contrastantes a medida que se va tejiendo para formar diferentes diseños.

  • Tramas discontinuas: Es la técnica de tapiz, pero utilizada en el telar criollo, para formar diseños de colores contrastantes de flores o figuras geométricas. Se utiliza en las mantas iglesianas o jachalleras.